Nueva York. Crónica subjetiva

Posted on diciembre 9, 2015

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Nueva York es una ciudad espectacular. El paradigma de las urbes, de las grandes metrópolis. La ciudad cosmopolita por excelencia. Ni encantadora, ni agradable, ni acogedora, pero sí espectacular. Sus edificios, su grandiosidad, la cantidad de gente y vehículos por todos sitios, la velocidad con que todo transcurre,… Para que os hagáis una idea del tamaño, el famoso Central Park, que está en todo el mediazo de Manhattan y sus rascacielos, tiene 340 hectáreas. ¡Algo así como 340 campos de fútbol! 15 veces el Parque Grande de Zaragoza o 20 veces el Parc de la Ciutadella de Barcelona…
Y como es inevitable, una ciudad tan tan grande tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. En ella conviven montones de gentes de todas las nacionalidades, colores, etnias y condiciones; los pasajes y galerías de metro más suntuosos, con otros superdescuidados y deteriorados; rascacielos de más de 100 plantas con la última tecnología y viviendas bastante bastante kutres y mal acondicionadas (en alguna de ellas he estado durmiendo más de un día…).
Es una ciudad llena de medios y oportunidades, pero en la que hay que estar espabilao. Detrás de un metro pasa otro, pero si te confundes de línea o de parada, has perdido media mañana… y supongo que lo que es válido para el metro, también lo es para la vida.
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Nueva York tiene 5 barrios grandes. Tan grandes que cada uno puede ser comparable a Barcelona o Madrid. Manhattan, que es la isla donde están la mayor parte de los rascacielos, el distrito financiero, los museos guapos y el Central Park. Es decir, la gente pichi y la cream. El Bronx, que es el barrio con peor fama por delincuencia y demás, donde vive bastante gente de origen latino, aunque en cuanto a peligrosidad no es como lo pintan en las películas… Brooklyn, un barrio eminentemente negro, muchos de ellos tipo rapero con cadenas y medallas, jej. En él hay algún vecindario chungo chungo, como Brownsville. Queens, que es un barrio más o menos tranquilo, de gente trabajadora de todo tipo de status y condición. Y Staten Island no comment, que no estuve. Está alejado del resto y hay que ir en ferry…

Del Bronx me llamó la atención la cantidad de dominicanos que hay. De hecho, en República Dominicana se dice que la segunda ciudad con más dominicanos del mundo, tras Santo Domingo, es New York (y me lo creo). Y ya que estamos, tal vez sea por la gran cantidad de policía (más de 40.000 NYPD en toda la ciudad), muy visibles en las calles, o por la represión y gente en la cárcel que dicen que hay, pero  Santo Domingo en su día me pareció muuuucho más peligrosa que el Bronx, donde ahora se puede pasear sin demasiados problemas por la mayoría de sus calles.

Sobre el barrio de Brownsville en Brooklyn, casualidades de la vida leí un cartel reivindicativo en el MOMA, que decía algo así como: “Cuesta 17 millones de dólares tener en prisión a 109 personas de 17 bloques de pisos de Bronwsville. Por eso se les llama los bloques del millón de dólares. En términos económicos la prisión se ha convertido en la institución predominante en el vecindario.” Obvio, me dije: tengo que ir allí. Y lo hice. Hay un autobús que cruza el barrio. Pero no bajé de él. Cuando vi el paisonaje, me dije: no se me ha perdido nada por aquí…

Y en cuanto a Manhattan, es otro mundo. O mejor, mil mundos en uno. Desde la gran zona de negocios, Wall Street y los rascacielos (el corazón del centro del mal); al Harlem, el barrio del jazz o los Globetrotters; pasando por zonas con un encanto increíble en sus bares, tiendas y galerías, como Chelsea, el Soho, Greenwich o Chinatown. Un detalle: mientras en la zona de los rascacielos hay muuuuchos más blancos que negros, en Harlem la mayoría de la gente es negra. Y otro más: la mayoría de los seguratas de los ascensores de los rascacielos y de los bares de Manhattan, son negros. La mayoría de los que trabajan en los rascacielos y suben en los ascensores, son blancos.
Un amigo australiano con quien compartí vivienda unos días me dijo que no le molaba nada Manhattan, porque nadie con quien te cruzas te mira a la cara. Yo no lo percibí del todo así, pero sí que es cierto que hay mucha gente y van con prisa y a lo suyo.

Y algunas otras cosas que me han llamado la atención: lo caro que es y la importancia que tiene el dinero en todo; la convivencia entre tanta gente tan diferente; y l@s conductor@s de autobús, jej.

Sobre la pasta y los precios… Nueva York me ha parecido asquerosamente cara. Sobre todo Manhattan. Una cerveza en happy hour 6-7$; una hamburguesa (no en McDonalds) 8-10$; el cine 15$ (+6 de las palomitas y 5 de un refresco medio); los museos, parques y zoos de 25$ para arriba; el bicing para un año 150$ (en Zgz vale 37€ y en Bcn 47€, por ejemplo…); un ticket de metro o bus 2,75$; o el alquiler de un piso normal (por supuesto fuera de Manhattan), entre 1500 y 2000$. Por no hablar de los precios de los cuadros en la mayor parte de las galerías de arte… Un desastre. Aunque también es cierto que los salarios bajos son de 25.000$/año, los normales 50.000$ y los de quienes trabajan en los rascacielos de 60.000$ para arriba. Dicen que desde hace 15 años la gente con pasta está volviendo a vivir a Manhattan y los que no tienen ese poder adquisitivo tienen que ir a vivir a los otros barrios (gentrificación). Y a quien no le llega, a otras zonas o estados como el vecino Nueva Jersey, con bastante industria, aunque salarios y precios más bajos.
Toda la vida en Nueva York gira en torno al dinero. Y aunque como anticapitalista total me duela decirlo, es un qué. Me dio la impresión de que la gente sabe a lo que juega y se siente libre y a gusto en Nueva York. Tiene algo por lo que motivarse: el dinero. Y eso les abre un espectro amplio de formas de vida y oportunidades. Y en ello, hay quien vive en la opulencia, hay quien vive más o menos bien, hay quien solo sobrevive y hay quien malvive. Pero tampoco percibí muchos más homeless, ni mucha más precariedad que en Zaragoza, por ejemplo.

En cuanto a la convivencia, me ha maravillado la capacidad para convivir de tanta y tan variada gente y a esa velocidad. Hay un lema que reina en la ciudad: vive y deja vivir. Y yo añadiría: y si no, apártate (o te apartamos nosotros). Además, esa convivencia no me ha parecido que se base en unas reglas demasiado estrictas, sino más bien en un equilibrio bastante flexible entre libertad de la gente, motivación (por el dinero) y no molestar demasiado al resto.
En Nueva York, todo me ha parecido muy flexible, poco normativizado, inmediato y efímero. Just do it. A la hora de trabajar, aprovechar oportunidades o en situaciones cotidianas de la vida. Por ejemplo aunque haya un policía delante, si una bici o un peatón se saltan un semáforo en rojo cuando no viene ningún coche, no pasa nada. Todo el mundo lo hace. Si una bici va tranquilamente por una acera o incluso por un trozo de calle en contra dirección sin peligro ni molestar, tampoco pasa nada. Las normas se aplican con flexibilidad y sentido común. Y eso me ha encantado. Que aquí somos más papistas que el papa y venga normas (y burrocracia) para todo y luego no hacemos nada.
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Y por último, l@s conductor@s de autobús. Les doy el óscar al mejor papel en la ciudad. En Nueva York para los trayectos largos entre barrios la gente utiliza el metro, pero para los cortos y en un mismo barrio, sobre todo la gente más humilde, utiliza el bus. Pues la gente que conduce esos buses, me ha parecido genial. Mediadores invisibles de la ciudad, además de tener que pelearse con el agobiante tráfico de coches, taxis, camiones y bicis (motos no, que casi no hay!), las he visto separar en un par de peleas; hacer que se levante la gente de los asientos para que los ocupen personas mayores o con alguna discapacidad (que por cierto hay un montón!); dejar pasar sin pagar a gente pobre que se lo pedía de buen rollo (el billete vale 2,75 $!!!); esperar a quien viene corriendo a lo lejos a coger ese bus… Me han parecido geniales. Gestores invisibles de la ciudad y su convivencia.

Dani Budría

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