De La Seo a La Madalena. Crónica de un Pre-Paseo de Jane

Posted on abril 22, 2015

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El pasado 9 de abril nos juntamos una docena de vecinas y personas interesadas en el urbanismo a partir del llamamiento que hizo A_Zofra para reunirnos y, caminando, organizar el Paseo de Jane en Zaragoza para el próximo primer fin de semana de mayo. Como la convocatoria era muy abierta, las intervenciones de las personas que estábamos fueron derivando (nunca mejor dicho) desde la propuesta inicial hacia lo que pasó a ser (para gusto de todas) algo parecido a una versión previa del propio Paseo de Jane.

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El punto de partida era el Arco del Deán, muy cerca de la entrada habitual a la Seo zaragozana. Caminando por la calle Pabostría, y con intervenciones de casi todo el mundo, enseguida nos pusimos a contar y a compartir, que era de lo que se trataba. Una señora nos contó su alegría al descubrir que en tiempos por allí estaba la plaza dedicada a su pueblo natal, Fabara. Un participante compartió con las demás que esta calle, la de Pabostría, era su calle preferida de Zaragoza, tal vez por su tranquilidad. Alguien contó que hay incluso una novela ambientada en esta calle con el título de “La red del pescador”. ¿De dónde le vendrá el nombre a la calle?, preguntaba alguien. Yo siempre que paso por aquí me gusta imaginarme quién vivirá en estas casas, decía otra persona. Pues lo que yo pienso es que tendrán muy poca luz, le contestaba una chica. Otra apuntaba que a pesar de estar poco iluminada era una calle que no daba miedo. ¿Por qué darán miedo las calles que dan miedo? ¿Serán aquellas de las que se cuentan experiencias desgraciadas?
Una de las paseantes nos sacó de repente de la relajada conversación. Os quiero llevar a ver una calle en concreto, nos dijo. Y echamos a caminar detrás de ella volviendo por nuestros pasos, cogiendo la calle Palafox, atravesando San Vicente de Paúl y entrando en La Madalena. Se detuvo en el cruce entre las calles Palafox, Gavín y Liñán, y nos mostró cómo desde ese preciso punto teníamos una vista preciosa de la torre de la Madalena y de un palacete restaurado formando un atrevido escorzo entre dos de sus paredes. Parece la quilla de un barco, nos dijo. Después de mirar las paredes alguien señaló que era mejor no mirar al suelo. El pavimento destrozado hacía muy desagradable pasar por allí en días de lluvia. ¿Cuántos coches pasarán por aquí para que esté así el pavimento, a pesar de ser una calle peatonal? Estas calles peatonales de mentira son lo peor, decía una chica, casi es mejor que no lo sea para disponer de acera, si estás con los chicos es un infierno. En pocos minutos comprobamos cómo de una entrada de garaje salía un coche, otro venía desde la calle universidad, otro desde San Vicente de Paúl con lo que nos teníamos que apartar para dejarle pasar. Una chica recordaba lo que le gustó Lisboa con su servicio de trasporte público de pequeño tamaño por dentro del casco histórico.

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Avanzamos un poco más por la calle Palafox y nos detuvimos a la altura de una valla de seguridad que daba un poco de miedo por su aspecto cortante. Al otro lado se sitúa uno de los solares acondicionados dentro del proyecto Estonoesunsolar. La valla tiene una puerta cerrada con llave. El solar ya no tiene basura, como antes de la intervención, pero tampoco se utiliza porque por lo visto el vecindario se quejó del uso que se le fue dando. Debatimos sobre los solares vacíos de propiedad privada situados en medio de la ciudad que siguen sin estar edificados por interés especulativo. Surgían algunas propuestas. ¿Tal vez recalificarlos como públicos, quizás obligar a sus propietarios a que construyan en ellos? Una chica que empujaba el carrito de una niña aportó una reflexión que provocó varias intervenciones: lo que yo me pregunto es por qué un solar se convierte en un nido de basura. Un chico hablaba de la imposibilidad de pensar el espacio público al margen del espacio doméstico y nos preguntaba cómo serían las casas y la vida de quienes echaban su basura a un solar. Una vecina ponía en cuestión el concepto de espacio público: ¿es público el espacio público? ¿es de la gente? ¿o es del ayuntamiento? Este espacio se percibe como propiedad de la institución, que es la que lo limpia, decide lo que se puede hacer y lo que no, resuelve (o no) el conflicto en él. Además, el propio ayuntamiento cada vez que hay un intento de apropiación por parte de las vecinas, se preocupa mucho de que no sea así. Tenemos que reapropiarnos de lo público, concluía.

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Nuestro último avance era de unos pocos metros hasta la puerta de la Sala Arrebato. La conversación ponía en valor este local de conciertos como espacio de convivencia que se autorregula para el disfrute cultural sin interferir en el descanso de los vecinos. Se habló también de la falta de lugares de expresión en la calle como el panel situado junto a su puerta que la brigada de limpieza municipal vacía de manera sistemática. Recordamos la figura de Eduardo Langarita como reivindicación de la memoria histórica del activismo social.
Y allí nos quedamos un rato en círculo compartiendo más reflexiones y pensamientos hasta que poco a poco nos fuimos yendo todas. Que si se había perdido la capacidad colectiva de soñar otra ciudad, que si teníamos que entrenar la imaginación, que si lo ideal era conseguir pequeñas victorias para alimentar la ilusión…
Así que apenas llegamos a tratar la organización del Paseo de Jane propiamente dicho. Solamente que nos gustaba este formato de la deriva, que podríamos hacerlo en el barrio del Rabal o tal vez en el de San José, y que era una gozada caminar tranquilamente y en compañía por nuestra ciudad.
¡Esto lo tenemos que repetir!

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