Plenario. Lectura y debate de Ciudades rebeldes (David Harvey)

Posted on febrero 17, 2015

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Para el plenario de Azofra de enero elegimos leer y debatir el libro de David Harvey “Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana”

http://www.cronicon.net/paginas/Documentos/CIUDADES_REBELDES.pdf

Estos son los resúmenes, claves, y discusión que tuvimos durante aproximadamente 2 horas, como acostumbramos a hacer en una mañana de sábado al mes.

Capítulo I. El derecho a la ciudad

Harvey explica qué es el derecho a la ciudad. Parte de Henri Lefebvre pero lo redefine. Partiendo de la definición en base al acceso individual o colectivo al acceso a los recursos, bienes comunes (tener un parque, guarderías, etc.), contrapone el derecho (humano), redefiniéndolo como el poder de cambiar o reinventar la ciudad colectivamente (decides si quieres, dónde y cómo quieres los parques, guarderías, etc.). Habla de Robert Park, que dijo que reinventando la ciudad, nos definimos nosotros, como persona, y defines cómo quieres relacionarte con los demás. Se vive ya mucho en la ciudad, o en zonas periurbanas, y eso tiene una gran relación simbiótica con el capitalismo (este necesita las urbes -bueno y el gasto militar- para aprovechar el subproducto capitalista, el excedente). Por eso se explica que para que haya urbe tiene que haber excedente económico (social). El capitalismo reinvierte (el excedente, el plusvalor), buscando más oportunidades rentables…es decir, la lógica del capitalismo entendida desde una explicación marxista.

Este se ejemplica históricamente con el París de Napoleón III y Haussmann (hasta la comuna de París), luego pasa a Robert Moses, Jack Jacobs (años 40 a 60, que culminó en mayo del 68, etc.), y ya al final al presente, a la crisis actual, a como al final ha explotado el tema inmobiliario. A lo largo de la historia se crean herramientas financieras, enfocadas al crecimiento inmobiliario, para canalizar el excedente capitalista. Esto genera nuevas mutaciones, en clases sociales, creación de suburbios (con un estilo de vida asociado, etc.). En la última época el neoliberalismo se introdujo la idea de que se es libre, que sólo se depende de tener dinero y entonces podemos elegir. Es el “individualismo posesivo”, critica Harvey, que es una mercantilización de la experiencia urbana. Antes había una idea de que se mezclaban los ricos y los pobres; en la ciudad neoliberal se tiene fragmentación más clara por clases sociales. Hoy día el sentido de pertenencia a la ciudad está fraccionado por el individualismo, por esa ética neoliberal. Harvey se pregunta cómo reconfigurar esto, cita a Engels, habla de gentrificación, y de propuestas aparentemente progresistas pero que son un paso atrás[1].

Si hubo revueltas sociales en Francia con la comuna, y en el 68 tras los procesos de los 40 a 60 principalmente en EE.UU., ¿cuál es la respuesta actual desde la ciudad?, ¿qué debe exigir un movimiento el derecho a la ciudad? Un mayor control democrático sobre la producción y el destino del excedente capitalista. Dejar de hacer ciudades que ayuden a las empresas, como poner la ciudad bonita para el turismo, buen clima para los negocios, poca conflictividad laboral; para poner como prioridad las necesidades de la colectividad, etc. Estos procesos de destrucción creativa, llevan aparejados procesos de violencia con los desposeídos. Permite reflexionar sobre cómo queremos organizar el uso del excedente, y hacer el movimiento, el discurso global. Al deseo y pregunta de que habría que lograr el mayor control democrático del excedente capitalista, pero que la mayoría de modos en que se nos ocurren son desde el Estado, por lo que ¿cómo lograrlo desde la ciudadanía? Marta: Respuesta en el capítulo III.

 

Capítulo III. La creación de bienes comunes urbanos

Se trata de cómo poner ese control democrático para los bienes comunes, y cómo disfrutarlos de forma no fragmentada. Harvey coge definición de Hardt y Negri de “metrópolis como una fábrica en la que se produce el bien común”. Cuando Marx define la plusvalía, hay tierra, trabajo, y capital. Allí la unidad principal era la fábrica, ahora es la ciudad. Por el hecho de habitar, tengo un derecho colectivo. Hay que distinguir entre público y común. Porque de hecho hay bienes públicos que acaban teniendo hibridaciones con lo privado.

Una cosa es la propiedad (hay varios ejemplos, debajo se explica 1), y otra los usos.

Hay un ejemplo de Suecia, en el que una parte del excedente de capital iba destinada a los trabajadores, de modo que al final acababan siendo también propietarios, y trabajadores y los propietarios originales de capital tenían que interactuar, ponerse de acuerdo, etc. Se trataría de pensar esto a la ciudad, por barrios, etc.

Hay varios modelos. Uno, la idea de que la propiedad privada es lo mejor. Hay otra visión que es la de que los bienes comunes son más igualitarios, justos, etc. Elinor Ostrom destacó que “la tragedia de los comunes” puede ser contradicha, y que hay recursos y formas organizativas que lo desmienten. Analiza casos históricos, y es verdad que cuenta que hasta 15000 personas puede ser buena forma organizativa. Desde la izquierda, siempre ha habido miedo a las jerarquías. Harvey habla de confederalismo, organización supra-asamblearia, etc., lo cual es complicado claro. Tenemos más experiencias en la autoorganización desde abajo, pero Harvey cuenta que un problema es que no está exento de jerarquías de otro rango.

Elinor Ostrom también trataba el tema policéntrico, como otras formas organizativas, que no fueran tan impersonales.

Lanza la idea sugerente de luchar por zonas de derechos humanos protegidos. Entra en contradicción con los “cercamientos” negativos del capitalismo. Esto sería algo parecido a “cercamientos positivos”. El daño sólo se puede evitar con creación y acceso común a los bienes. Bienes públicos para finalidades públicas, y para complementarlos, deberíamos organizarnos, siendo clave los bienes comunes reproductivos. Los costes de reproducción social son los costes que te generas para llegar al trabajo, que necesitas (comer, dormir, estar sanos, etc.). A partir de los 80 el capitalismo los extrae de forma difusa hacia los comunes globales, aparecen los problemas ambientales, y subsume los costes. La socialdemocracia plantea que con los impuestos al beneficio se lograba que parte del beneficio repercutiera en cubrir esos costes, y en los 80 se recortan los impuestos, y esa aportación se reduce.

Capítulo V. Reclamar la ciudad para la lucha anticapitalista

Harvey hace crítica a la creencia “termitera” de crear pequeños núcleos, autosuficientes. Primero porque el capitalismo los destruye cuando se hacen muy visibles. Segundo, porque hace falta una organización más global para cambiar el capitalismo. Una producción autónoma “fuera” del capitalismo no es suficiente. También el miedo a las jerarquías evita grandes acuerdos. Si montas una empresa vas a tener que tener móvil, exportar, etc., y la coherencia es muy difícil mantenerla, aparecen contradicciones, etc.

Trata de actualizar ideas marxistas, la lucha de clases se da en los medios de producción, y aquí trata de reclamar la ciudad como nuevo escenario de lucha anticapitalista, justificando que ya lo ha sido, y lo tiene que ser. La ciudad tiene mucho significado en el capitalismo, y existe una gran historia de luhas urbanas (añade Petrogrado, Shangai), valorando que de casos aislados han aparecido redes urbanas globales. Y por otro lado, se pararon muchas luchas desde arriba rompiendo los escenarios que las permitían (ejército no podía entrar en ciertas calles de algunas ciudades, etc.).

Caracteriza tipos de movimientos, como algunos que suben y bajan muy rápido. E.g. En 2006 en EE.UU. Con derechos pro-inmigrantes, pero se consiguió parar una iniciativa importante, y quedó poso, es decir, que muchos movimientos aunque caigan pronto, pueden servir posteriormente. Para la revolución anticapitalista, la ciudad ha sido muy importante. Es necesario reconceptualizar el terreno de las luchas de clases.

Debate final

Debatimos sobre la ciudad como nuevo lugar de lucha antagonista del capitalismo. La del XX era lucha obrera. A finales de los 70-80, se produce un cambio en el estilo de lucha: sale de la fábrica (sindicatos, huelgas,…) y pasa a la ciudad; los servicios son el eje-foco económico. Ahora el foco es el binomio capital-vida. Más que no tanto el fábrica-obrero / capital-trabajo (lucha de clases-concepto marxista clásico). Para algunos presentes en el debate, el ataque estilo termita es importante. El efecto contagio también puede aportar resultados inesperados (ejemplo de Grecia), hablando en términos de escala[2]. Hay mecanismos que permiten plantear luchas a nivel menos local. En la actualidad hay conflictos en la ciudad, pero también en la fábrica, en la distribución, y para algunos las luchas sociales deberían volver también al espacio del trabajo. El beneficio ahora está no tanto en la producción, sino en la reproducción social, la especulación, etc. Si bien hay pueblos que han decidido organizarse por economías del bien común, son pueblos tal vez pequeño, pero de los que aprender. Hay contradicción en el control de la distribución de los beneficios del capital y su democratización. Por eso hay quien ve que habría que romper la verticalidad de arriba-abajo en forma piramidal actual para la toma de decisiones hacia formas más invertida (tipo zapatista) donde desde abajo se tenga el poder y se pueda tomar decisiones de abajo-arriba. Sobre los bienes comunes, hemos ido viendo que pueden ser gestionados a través de negociaciones entre agentes públicos, privados y usuarios. Hay ya parcelas donde esto se puede llevar a cabo. Por lo que reivindicamos la importancia de aterrizar en iniciativas concretas, bien sea a través de los Podemos, Ganemos, (Comunemos, Follemos,…🙂 o cualquier otro ámbito,… para la gestión pública del común. Como ya se está produciendo, habrá que involucrar a la gente en la democracia, en la participación, y eso será clave para un cambio más global.

[1] E.g. Hernando de Soto con propuesta de dar títulos de propiedad, o los microcréditos, que en aunque algún caso concreto permiten salida, pero pueden acabar siendo una trampa llevando al colectivo a la pobreza.

[2] A nivel local-municipal vemos el ejemplo del CSC Luis Buñuel, u otros bienes como el agua, los caudales del Ebro y su gestión.