Transcripción del Foro de Usuarios de Arte Contemporáneo

Posted on abril 26, 2010

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Las compañeras de Curating Zgz han terminado la transcripción del Foro de Usuarios de Arte Contemporáneo de Zaragoza, que se celebró el pasado 28 de diciembre. A Zofra participó en la cápsula ¿Qué cultura y en qué ciudad? en la que se habló de la candidatura europea a ciudad de la cultura y se reflexionó sobre varios factores de los que depende la producción cultural: el acceso a los recursos (rentas y subvenciones), la autonomía de los artistas (frente a las instituciones) o la relación con la sociedad (como dotación de sentido), por citar algunos.

Pincha aquí para leer la transcripción completa del encuentro o sigue leyendo esta entrada para ver lo que se dijo durante nuestra cápsula.

Sobre la candidatura a la capitalidad de cultura ¿QUÉ CULTURA, EN QUÉ  CIUDAD?_

Ante la candidatura a la capitalidad cultural para 2016 en Zaragoza, el Grupo de Estudios Metropolitanos A Zofra lanza a los asistentes a la jornada las siguientes preguntas: ¿nos parece que el proceso de participación es realmente participativo? ¿queremos que nos pregunten y luego no nos escuchen? ¿Somos capaces de participar no sólo con opinión sino con gestión? ¿hay ganas de llevar adelante esta última idea?

“Tenemos que tener menos miedo a expresar lo que somos en nuestra sociedad, sólo lo hacemos en petit comité. Los trabajadores de la Opel reciben del erario público muchísimo dinero por mantener su puesto de trabajo, unos 70.000 euros en los próximos 5 años. Estamos en nuestro derecho de poder vivir igual que el señor que trabaja haciendo coches que luego no se venden”

“Los artistas visuales pertenecen al colectivo más insolidario entre los artistas, porque el concepto gremial desde el sindicalismo se ha perdido. Podrían darse ayudas desde la institución como estudios subvencionados… No es que nos tengan que mantener, somos ciudadanos que hemos decidido trabajar en este mundo, pero la vida es muy larga y con mucho recorrido, se puede trabajar en la distancia… no hay que lamerse las heridas: en nuestra generación no había becas, y eso no significó que nosotros no hiciéramos cosas: hacíamos arte povera porque no había otros medios.”

“El proceso de participación, aunque intenta presentarse como abierto y con feedback, no deja de ser un proceso vertical aunque los miembros de la institución a título individual coincidan con las críticas que desde aquí nos planteamos. Creemos que esa verticalidad y ese pesimismo no funcionan y hay otras formas de que la participación sea real, y eso se consigue teniendo el acceso directo a la gestión de recursos: yendo a cosas concretas ¿Quiénes vamos a poder entrar en el Cubit? ¿quiénes van a usar el Centro de arte y tecnología?

La candidatura se empezó centrando en 16 edificios, pero finalmente se le ha dado la vuelta y son cinco los símbolos de la candidatura, símbolos con los que, creemos, la gente no se está sintiendo identificada.

En las reuniones de participación, y después de una experiencia tan mala con la del 2008 para la que no se había contado para nada con la gente de la ciudad, se preguntó  si realmente esto no sería un “lavado de conciencia”.

Se parte de la idea de que la candidatura no va a ser elegida, pero si, al menos durante una década, se crea una política cultural estable, sería positivo. La ciudad es lo suficientemente creativa, pero las instituciones se han ido cargando sistemáticamente todos los proyectos que salen de la base.

De una asamblea de cultura que hubo en su día, salieron los funcionarios y técnicos culturales que ahora forman parte de las instituciones, los que hemos sufrido durante 30 años. ¿Saldrán de aquí los nuevos funcionarios/técnicos de cultura?

Lo que hay ahora, el cinismo postmoderno opera con escenificaciones del diálogo lo más amplias posibles.

Es un estudio de mercado a fondo perdido, se apropian de las ideas que les conviene sacar adelante y el mérito es para la institución… Las alternativas que tenemos que plantear desde aquí son las siguientes: si hay que apropiarse de los lugares de la institución, con una gestión realmente ciudadana, o buscar espacios propios y prescindir totalmente de la institución, ambas…

Cometemos el error de pensar que es la institución la que tiene que construir el tejido, pero el tejido lo tenemos que construir nosotros, y esa escenificación del diálogo es en gran medida una escenificación del tejido…

¿A que responde la capital cultural? ¿para quién se monta? Este juego se debería dejar para los políticos, que son quienes lo van a rentabilizar, los artistas no deberían entrar en esos juegos de imagen, e ir a cuestiones más de fondo, intentar dar soluciones para el día a día.

Nosotras (A Zofra) queríamos plantear que la ciudad es un ecosistema y hay que abordar todo tipo de cuestiones sobre cómo se establece una política cultural para la ciudad, atendiendo distintas fuentes de vida de ese ecosistema para que pueda generarse todo ese tejido. Es a partir de si esa ecología cultural sostiene más la producción cultural y mejora más la calidad de vida de todo el mundo como han de valorarse las políticas culturales. Pero la construcción de edificios no es una política cultural, sino de construcción, que es donde se va la mayor cantidad de recursos, ya tengan un uso cultural o de otro tipo.

Además, el derecho a la ciudad y a la cultura tiene dos caras: tanto la del creador como la del usuario, el derecho a que los habitantes de la ciudad puedan expresarse a través de la cultura, y que los habitantes tuvieran un acceso a esas manifestaciones. Así, deberíamos responder a las siguientes preguntas… ¿Cómo se produce esa cultura? ¿En qué espacios, no solo físicos? ¿De qué manera se sostiene la vida mediante la renta? y también ¿De qué manera la gente tiene acceso a esa cultura? Esto ultimo implica que esa cultura no sea inaccesible por la vía de cuanto hay que pagar por ella. Se trataría de empezar a plantear vías de cómo el artista puede costear o sostener el total de la producción, y que además, el ambiente necesario para esa producción se sostenga también, y para todo el mundo: que se sostenga la vida, y no solo en esos artistas. También es importante plantearse esto desde el punto de vista de los “usuarios”, no solo de los autores. Hay que generar el público que hace posible que la obra de arte se cree y también que se ponga en valor. en Zaragoza, por ejemplo, se produce un buen hip-hop porque hay esa cultura entre la población, que entiende lo que se está haciendo y que se haga posible. Y por último, hay dos vías de abrir los posibles de esa producción cultural: por un lado, la autonomía, y por otro lado, saber que el dinero que falta para la cultura sobra para otras cosas.

Lo fundamental es ese posicionamiento ante la sociedad. no tenemos que ir detrás de las instituciones, son ellas las que tienen que venir, provocar a que nos demanden. Lo único que se pude hacer es seguir y trabajar.

Javier propone frente a la dramaturgia de los políticos y la escenificación: todo nuestro trabajo esta disuelto, tenemos la posibilidad de hacer otra dramaturgia.

La dinámica de políticas culturales a corto plazo van dinamitando otras cuestiones más estratégicas. Si la candidatura a la capitalidad cultural sirve para crear un plan estratégico de la cultura a largo plazo, cambiando la forma en la que se hacen las cosas de aquí de 10 a 15 años, aunque no gane, pero que se respeten las ideas que de ahí salgan, sería algo positivo.

Se señala la importancia de que la cultura no sea una esfera separada, sino que esté unida al mundo en sus mensajes, buscar los públicos para esa obra, la difusión, y la comercialización, y se plantea la creación de una herramienta para penalizar la gestión de las instituciones.

(como, por ejemplo, la revisión pública de las cuentas, que estas estuvieran accesibles y que se hicieran auditorías públicas de esa cuentas)

Los artistas han interiorizado el trabajar como una empresa pero la creatividad, la esfera subjetiva del arte, escapa a mediciones e interpretaciones. Pero los artistas son también expertos en trabajar la imagen, en investigar sobre ella.

Por eso los artistas tendrían que llevar sus luchas y sus iniciativas no solo en la protesta, la apelación a la institución o las formas de autogestión, sino también al discurso, que este fuera un paréntesis en el discurso dominante…

Se destaca que nunca el arte contemporáneo había estado más ligado a la realidad social en la que se crea.

Pero este discurso queda distorsionado por el contenedor. Evidentemente, en la sala, el discurso ya no es tuyo ni el del espectador y probablemente termine siendo el de la institución, que se ha convertido en un no lugar que limita la radicalidad de su discurso.

Estamos siempre pensando en la productividad por la productividad, y hemos dejado de reflexionar sobre la imagen

Hay un déficit de sentido enorme, aunque haya mucha vida, no se cuestiona el para qué de esas cosas…

¿Qué posición van a tomar los artistas, que tienen una sensibilidad hacia las realidades que conoce, que se mezcla, ante la intervención en los barrios artísticos, toda una realidad que le atraviesa?

No se pueden plantear términos de utilidad, normativas sobre utilidad, pero si de sentido. hay que incluirlo todo ¿cómo se valora lo que es útil, lo que no es útil?

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