¿Quién defiende Zaragoza?

Posted on junio 17, 2009

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Entregar un premio denominado “Defensor” en una ciudad diversa como Zaragoza tiene algo de esquizofrénico. Los asistentes a la entrega de medallas de la Fundación Zaragoza 2008 con motivo del Bicentenario de los Sitios (sí, aún siguen, este bicentenario está durando casi un centenario) repetían una y otra vez que los únicos enemigos de Zaragoza somos nosotros mismos, que ya no hay enemigos externos, como hace doscientos años con los franceses.

Ya saben, atrás quedó el problema de las ideologías (¡y un cuerno!) y de los mundos antagónicos que luchaban por predominar (a un lado los “nuestros”, los del Antiguo Régimen, en el que el gobernador lo hacía por la gracia de dios; y al otro lado los franceses, padres del concepto de estado y separación de poderes que, aunque a algunos les pese, acabó imponiéndose). 

No es perfecta la democracia que vino del país galo, pero su triunfo hace dos centenarios revela que un cambio en el estado de las cosas era inevitable. Lo mismo que ocurre hoy en nuestra ciudad, lo mismito. Tenemos un régimen de esos de “por la gracia de dios” por el cual se le cruza al alcalde que hay que hacer una expo y se hace. Que hay que hacer dos expos y se hacen. Sin escuchar otras opiniones. Sin reflexionar si acaso no se estará construyendo ciudad con un embrutecido prisma de Antiguo Régimen. ¿Y si por una vez escucháramos a los “franceses”, es decir, a los revolucionarios, a los que vienen con vientos nuevos? ¿Esperaremos doscientos años para reconocer que tenían algo de razón?

La forma de escapar a esta contradicción la han sabido solucionar momentáneamente. Todos a una, políticos y personajes públicos de la cultura y la sociedad zaragozana repetían sin cesar “Ya no hay enemigos externos, ahora el enemigo es nuestra falta de autovaloración”. ¿Pero qué tomadura de pelo es decir a los habitantes que no tienen autoestima? Propuestas y actividades no faltan. Creatividad, menos. No hay más que ver cómo hay zaragozan*s de todas las épocas que triunfan allá donde se les escucha.

La que queda corta es la clase política, que dinamita los proyectos, que no escucha las propuestas, que tiene miedo de apostar por lo nuevo, de arriesgar por lo espontáneo, de derivar las reglas del juego a sus “vasallos”. Los únicos que lo dejaron claro son los de Violadores del Verso, que al llegar y ver el panorama se largaron tras disculparse. Aceptaron la medalla porque siempre han defendido Zaragoza de la locura del urbanismo y de las expos, del derroche de dinero en cosas poco importantes, dijeron. Algunas asociaciones también reconocieron por lo bajo que más valía gastar lo que había costado el paripé de las medallas en subvenciones para el curro diario, que eso sí es defender la ciudad.

Todo lo que sea “hacer como que” siempre es agradable para el gobierno vacío de contenidos, porque no le compromete, pero le hace buena imagen.  Hace como que es democrático, bueno y redentor, pero luego ya saben, aprueba ordenanzas cívicas, construye viviendas cuando todavía hay vacías y vende nuestro futuro a un sistema económico que está exhausto, quemado, agotado.

¿Nos ponemos a defender Zaragoza de verdad, o qué? Las memorias de dentro de dos siglos nos lo agradecerán.

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